El sol no necesita bandos, necesita criterio
«La pregunta no debería ser sol sí o sol no, sino cuánto, cuándo, cómo, para quién y en qué contexto.»
Cada verano vuelve la misma conversación, aunque este año parece más ruidosa que nunca: el sol, la protección solar, el bronceado, la vitamina D, los protectores solares, las redes sociales y esa necesidad tan actual de convertir cualquier tema en una batalla de bandos. Hay quien dice que nos protegemos demasiado, quien sostiene que no nos protegemos lo suficiente, quien desconfía de las cremas solares y quien presenta el sol casi como un enemigo del que habría que esconderse. Y, en medio de tanto ruido, queda la gente, que no necesita más miedo ni más titulares provocadores, sino más criterio.
¿Por qué existe tanta confusión sobre el sol y la protección solar?
Creo que parte del problema está en que confundimos visibilidad con conocimiento. Que una opinión se haga viral no significa que tenga el mismo peso que una recomendación bien fundamentada. Hoy cualquiera puede hablar del sol, de la piel o de la salud cutánea con enorme seguridad, aunque no siempre con el mismo rigor. Por eso, antes de quedarnos con un mensaje, deberíamos preguntarnos quién lo dice, desde qué conocimiento, con qué evidencia, con qué matices y qué efecto puede tener en quien lo escucha.

El sol no es bueno ni malo: depende de cómo nos exponemos
El sol no es bueno o malo en términos absolutos. El sol forma parte de la vida. Influye en nuestros ritmos, en el bienestar y también en la síntesis de vitamina D. No se trata de demonizarlo ni de vivir encerrados. Pero tampoco podemos romantizarlo como si fuera inocuo. La exposición solar puede producir quemaduras, manchas, inflamación, fotoenvejecimiento, pérdida de calidad de la piel y daño acumulativo. Por eso, la pregunta no debería ser “sol sí” o “sol no”, sino cuánto, cuándo, cómo, para quién y en qué contexto.
Bronceado y salud de la piel: conceptos que no son lo mismo
Durante muchos años hemos asociado el bronceado con belleza. A muchas nos han dicho aquello de “qué morena estás, estás más guapa”. Y quizá por eso cuesta tanto cambiar la mirada. Pero una piel bronceada no es necesariamente una piel sana. El bronceado es una respuesta de defensa de la piel frente a una agresión. Puede gustarnos estéticamente, sí, pero no deberíamos confundirlo con salud cutánea. La piel tiene memoria, aunque nosotros a veces tengamos muy poca.
El daño solar que no vemos también importa
También se ha instalado la idea de que el principal problema es quemarse. Y, por supuesto, la quemadura hay que evitarla siempre. Pero hay un daño que no se ve, no duele y no avisa de inmediato. Que no te quemes no significa que tu piel no esté recibiendo radiación. Ese daño silencioso se va acumulando y muchas veces sus consecuencias aparecen años después.
El protector solar no lo es todo
La protección solar es una herramienta fundamental, pero tampoco hace magia. No basta con comprar un SPF 50 y utilizarlo como permiso para exponerse sin criterio. Aplicamos poca cantidad, olvidamos zonas como orejas, cuello, manos o escote, no reaplicamos, sudamos, nos bañamos, nos secamos con la toalla y seguimos creyendo que estamos igual de protegidos. El protector solar no es una barra libre: es una parte de la estrategia.
Cada piel necesita una estrategia diferente
Y esa estrategia debería ser más amplia y más personalizada. No necesita lo mismo una piel con melasma que una piel con acné; una persona que trabaja al aire libre que otra que apenas se expone; una piel con rosácea que una piel con manchas; alguien que está con determinados tratamientos médicos o toma medicación fotosensibilizante que alguien que no lo hace. Igual que no recomendamos la misma rutina cosmética a todo el mundo, tampoco deberíamos hablar de protección solar como si todas las pieles, edades y circunstancias fueran iguales.
Vitamina D y exposición solar: el equilibrio necesario
Con la vitamina D ocurre algo parecido. Es importante, sí. Pero no debería convertirse en la excusa perfecta para dejar la piel indefensa. Si existe un déficit, debe valorarse y corregirse con criterio profesional, no con exposiciones improvisadas ni con mensajes simplificados. Porque simplificar demasiado estos temas puede ser cómodo, pero no siempre es responsable.
El sol no necesita miedo, pero sí respeto. Y la piel no necesita bandos, necesita educación, contexto y sentido común. Disfrutar del sol es compatible con protegerse. Lo que quizá deberíamos abandonar no es el sol, sino la idea de que cuidarnos es exagerar.
Artículo de María Estela de Abajo Sanz para LNE el 20 de junio de 2026
María Estela de Abajo, directora de ESTELA Belleza, esteticista, especialista en fisioterapia estética y cosmetóloga. Comparte contenidos de divulgación sobre salud cutánea, cosmética y cuidado responsable de la piel.
Las imágenes de este artículo han sido generadas con inteligencia artificial y se utilizan con fines ilustrativos.



