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Día de la Madre: Más que un Regalo

Cuando se acerca el Día de la Madre, solemos entrar en esa búsqueda más o menos apurada de cada año: qué regalar. Un perfume, unas flores, una comida, una experiencia, un detalle bonito. Yo confieso que me gusta todo. Sin embargo, quizá la pregunta más interesante no sea tanto qué regalar, sino qué queremos transmitir con ese regalo. Porque no todos los regalos dicen lo mismo.  

Hay regalos prácticos, regalos simbólicos, regalos que cumplen, regalos que emocionan y regalos que, de alguna manera, hablan. Dicen: te conozco, he pensado en ti, sé lo que te gusta, sé lo que necesitas o, al menos, intuyo qué puede hacerte bien. Y en el caso de muchas madres, aunque no de todas ni de la misma manera, hay algo que durante años suele quedar relegado a un segundo plano: su propio cuidado.

Mujer disfrutando de una pausa de autocuidado facial, ideal como regalo de belleza y bienestar para el Día de la Madre

No siempre ocurre de forma dramática ni visible. A veces no hace falta una gran renuncia para que una mujer vaya desplazándose a sí misma en el orden de prioridades. Basta con la vida cotidiana. Basta con estar pendiente de muchas cosas a la vez y con ir dejando lo propio siempre un poco más tarde. Basta con que siempre haya algo más urgente, más necesario o más importante que dedicarse un tiempo a una misma.

Muchas madres viven así durante años, incluso sin formularlo de ese modo. No es que no quieran cuidarse. Es que, muchas veces, se acostumbran a que su cuidado quede para después. Después de los hijos, después del trabajo, después de la casa, después de las obligaciones, después de todo. Y ese «después» a menudo acaba convirtiéndose en un nunca o en un casi nunca.

Por eso creo que, en ciertos casos, regalar belleza en el Día de la Madre puede tener mucho más sentido del que a veces se le concede. Claro que depende de cómo se entienda esa belleza. Si se plantea como corrección, como exigencia o como mensaje encubierto de «hazte algo», entonces el regalo pierde su valor e incluso puede resultar incómodo. Pero cuando se entiende desde el cuidado, la pausa y el bienestar, cambia por completo.

Porque entonces ya no estamos regalando una imagen. Estamos regalando tiempo. Atención. Presencia. Un espacio donde esa mujer no tiene que ocuparse de nadie más durante un rato. Un momento en el que alguien la atiende a ella. Y eso, aunque pueda parecer pequeño, no siempre lo es.

A veces, regalar belleza no es regalar apariencia, sino permiso. Permiso para parar. Para sentirse cuidada. Para volver a ocupar el centro, aunque sea por un instante. Para recordar que su bienestar también importa y que cuidarse no es un lujo frívolo ni una superficialidad, sino una necesidad legítima.

Desde mi trabajo lo veo con frecuencia. Hay mujeres que llegan a un tratamiento con una mezcla extraña de ilusión y justificación, como si todavía sintieran que tienen que explicar por qué se han permitido ese rato. Como si cuidarse necesitara defensa. Y, sin embargo, basta observarlas un poco para entender que muchas no están buscando solo verse mejor. Están buscando respirar, reconectar, descansar un poco de sí mismas y de todo lo que sostienen.

En el día de la madre, regalar belleza es recordar que su bienestar también importa y que cuidarse no es un lujo frívolo

Quizá por eso me parece que, en el Día de la Madre, conviene pensar menos en el objeto y más en el significado. Menos en qué comprar y más en qué queremos decir. Y a veces un regalo de belleza, cuando está bien pensado, puede decir algo muy valioso: ahora te toca a ti.

No para corregirte. No para exigirte. No para recordarte nada que te falte. Sino para ofrecerte algo que quizá llevas demasiado tiempo postergando: tu propio cuidado.

Porque hay cosas que muchas madres entregan a diario sin casi darse cuenta: tiempo, energía, atención, presencia. Y tal vez una manera bonita de celebrar ese día consista precisamente en devolver un poco de eso. Y quizá uno de los regalos más bonitos sea justamente ese: el que le recuerda a una madre que ella también merece ser cuidada.

(Artículo de María Estela de Abajo Sanz para LNE el 18 de abril de 2026)

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