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La importancia de reconocerse

Hace unos días fui a buscar a una clienta a la sala de espera y pensé algo de forma inmediata, sin elaborarlo demasiado: qué mujer tan impresionante. Hay personas que tienen una presencia que se percibe al instante. Y no hablo de perfección, ni de un canon concreto, ni siquiera de juventud. Hablo de esa mezcla difícil de explicar entre porte, belleza, energía y manera de estar.

Minutos después, ya en cabina, empezamos a hablar de su piel, de sus preocupaciones y de aquello que le gustaría mejorar. En un momento de la conversación me dijo que a ella le gustaría ser una de esas mujeres que una mira y piensa: “Uf, qué bien está esta mujer, qué impresionante”. Y yo le respondí algo que no tuve ni que pensar: “Pues eso fue exactamente lo que pensé yo cuando fui a buscarte”.

Aquello se me quedó dando vueltas. Porque hay algo que veo con muchísima frecuencia y que no deja de impresionarme: lo difícil que es verse a una misma como a veces sí te ve el otro.

Asesoramiento personalizado de cuidado facial entre esteticista y clienta en centro de belleza. ESTELA Belleza

No sé si nos miramos mal, si nos miramos demasiado o si, sencillamente, nos miramos desde un lugar injusto. Lo que sí sé es que muchas veces valoramos con enorme claridad aquello que tenemos delante y, sin embargo, somos incapaces de reconocerlo cuando nos pertenece. Vemos belleza, fuerza, presencia, talento o sensibilidad en los demás con bastante más facilidad de la que somos capaces de verlos en nosotras mismas.

Hace unas semanas, en el coffee break de una formación, me ocurrió algo parecido, aunque en otro terreno. Durante una conversación informal dije una frase de la que ni siquiera recuerdo bien el contexto exacto, pero sí el sentido: “Ahora que soy buena profesional…”. En ese momento, todas las compañeras que estaban conmigo se echaron a reír. No fue una risa de burla, sino de sorpresa. Una de ellas incluso exclamó: “¿Ahora, dices?”. Como si yo acabara de llegar a un lugar en el que, para ellas, llevaba ya muchísimo tiempo. Y aquello también me hizo pensar.

Está claro que una tarda muchísimo en reconocerse en verdades que para los demás ya son evidentes. Que a veces el otro llega antes que una misma a ver quién eres. O quién llevas tiempo siendo.

Vivimos en una época obsesionada con mejorar. Mejorar la piel, el cuerpo, la imagen, la productividad, la versión que damos al mundo. Todo parece estar orientado a corregir, optimizar o avanzar hacia una supuesta mejor versión de una misma. Y, sin embargo, quizá estamos entrenando muy poco otra capacidad igual de importante: la de reconocer.

Reconocer lo que ya hay. Reconocer el recorrido. Reconocer la presencia. Reconocer la valía. Reconocer incluso que a veces ya somos, en parte aquello que seguimos persiguiendo.

Lo veo a menudo en mi trabajo. Mujeres bellísimas que solo son capaces de nombrar lo que les sobra, lo que les falta o lo que querrían cambiar. Mujeres admirables que hablan de sí mismas con una dureza que jamás utilizarían para hablar de otra persona. Mujeres que desean convertirse en alguien a quien, en realidad, ya se parecen mucho más de lo que creen.

Y aquí es donde, para mí, entra de lleno la belleza con cabeza. Porque cuidarse está muy bien. Claro que sí. Yo me dedico precisamente a eso, a ayudar a otras personas a verse mejor y a sentirse mejor. Pero quizá una de las formas más profundas de cuidado no consista siempre en añadir, corregir o transformar, sino en aprender a mirarse con un poco más de verdad. No para caer en la autocomplacencia, sino para habitarse con más justicia.

Tratamiento facial relajante en centro de estética con mascarilla hidratante y masaje profesional. ESTELA Belleza

Con la misma generosidad con la que miramos a quien admiramos. Con la misma claridad con la que vemos el talento ajeno. Con la misma honestidad con la que, a veces, otra persona nos devuelve una imagen de nosotras que todavía no sabíamos sostener.

Quizá una de las cosas más difíciles de esta vida sea justamente esa: aceptar que, en ocasiones, ya somos mucho de aquello que seguimos buscando.

Porque cuidarse no debería estar reñido con reconocerse. Al contrario, debería ayudarnos precisamente a eso. Y eso también es belleza con cabeza.

(Artículo de María Estela de Abajo Sanz para LNE el 30 de marzo de 2026)

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